miércoles 9 de septiembre de 2009

Hung Chin

En silencio y serenamente, uno olvida todas las palabras;
y eso aparece ante uno de manera clara y vívida.

Cuando uno lo realiza, es vasto y sin límites;
en su esencia se es claramente consciente.

Esta luminosa percepción se refleja de manera singular,
este puro reflejo está lleno de maravilla.

El rocío y la luna,
las estrellas y los torrentes,
la nieve sobre los pinos
y las nubes colgadas de las cimas de las montañas…

de ser oscuridad se tornan radiantemente luminosas;
de ser oscuridad se convierten en luz resplandeciente.

Infinita es una maravilla que pernea esta serenidad;
en su reflejo todo esfuerzo intencional desaparece.

Serenidad es la palabra de todas las enseñanzas.

La verdad del reflejo sereno
es perfecta y completa.

¡Ah, mira! ¡Los cien ríos fluyen
convertidos en rugientes torrentes
hacia el gran océano!

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